LOS OJOS DE MI PRINCESA II, por Carlos Cuauhtémoc Sánchez

Los ojos de mi Princesa II es la continuación de una historia conmovedora e increíble, que tiene consigo bastantes valores impregnados en todos aquellos sucesos que se le van presentando al protagonista. Carlos Cuauhtémoc Sánchez nos cuenta en ella hechos fascinantes, propios de su vida. Sinceramente, me ha ayudado muchísimo, al igual que el primer libro, pues me ha enseñado cuanto fortalece el amor y como todos tienen derecho a explicar sus actos. Después de leer este libro, estoy aún más convencida de que Carlos Cuauhtémoc Sánchez tiene una mente brillante. Estoy segura de que te sorprenderá, así como lo hizo conmigo. ¡Así que no dudes en leerlo! No es cualquier novela.

Esta vez, me ha resultado más difícil ordenar mis ideas para transmitirte todo lo que he aprendido de las experiencias del protagonista. Sin embargo, no pude dejar pasar más tiempo.

Muchas veces lo que creemos es totalmente distinto a la realidad, juzgamos a los demás por sus actos sin saber sus motivos, nos dejamos llevar por la apariencia, sacamos conclusiones muy rápido, afirmamos y repetimos ideas cuyo significado desconocemos, y vemos solo con los ojos en vez de hacerlo con el corazón.

José Carlos es el protagonista, la razón y el motivo principal de todos los acontecimientos. Todo empieza a raíz de haber idealizado por demasiado tiempo a una chica de su secundaria como Sheccid, una princesa que fue la motivación de un prisionero para superase así mismo. Fue una idealización que le impedía ver sus defectos y que hacía que tolere su desprecio, de tal manera que se enamoró profundamente de ella. Sin embargo, cuando se dio cuenta de su supuesto doblez, intentó dejarla en el olvido. Aunque, después de algunos años, tuvo un sueño que lo motivo a buscarla otra vez. Al hacerlo, se dio cuenta de una realidad que lo dejó totalmente desconcertado.

Él vuelve a pasar por diferentes situaciones peligrosas y muy arriesgadas por querer encontrarla. Olvidó que hay lugares a los que no se deben de ir y personas a quienes convendría evitar. A veces, por desesperados, tomamos decisiones equivocadas y nos metemos en problemas. Eso le sucedió a él. Por eso, al reflexionar, me di cuenta que siempre debemos tomar todo con calma y pensar bien antes de hacer o decir algo. Nunca sabemos si podemos dañar a alguien con nuestras palabras o perjudicar a otros con nuestros actos, especialmente a nuestra familia. Nuestros padres, en la mayoría de los casos, son los que siempre van a sacar la cara por nosotros. Como me dijo mi hermano mayor en una ocasión, “la familia es para siempre”. Son ellos los que, a pesar de todo, nos amarán y estarán ahí para darnos su apoyo. Las personas que nos quieran hacer daño siempre verán la forma de atacar nuestro punto más débil, que es metiéndose con la persona que más queremos. Así que seamos conscientes de nuestros actos y no seamos egoístas, pensando solo en nosotros mismos. Evitemos tener conflictos con los demás. ¡Recuérdalo!

Por otro lado, la gran mayoría de personas suele echarle la culpa a Dios por todo lo malo que les sucede. Es decir, se limpian las manos y lo hacen responsable de actos que no son suyos. Piensan que es Él quien permite que todas las desgracias sucedan o que fue Él quien las ocasionó. Le empiezan a pedir explicaciones bombardeándolo de preguntas y de reclamos. Gracias a este libro, aprendí que Dios no atrae nunca el sufrimiento sobre nosotros, porque Él es fuente de amor. Somos nosotros mismos quienes generamos los desastres que luego nos afectan y afectan a otros. Sin embargo, es cierto que Él todo lo puede, incluso evitar tristezas e injusticias; pero si permite que experimentemos desgracias o nos enfrentemos a grandes problemas es porque tiene un propósito mejor para nosotros. Dios no nos pide nada que no podemos hacer. Él nos conoce y sabe hasta dónde podemos dar. Confiemos siempre en Él y en vez de contarle lo grande que son nuestros problemas, contémosle a nuestros problemas lo grande que es Él.

Además de eso, aprendí que en la vida siempre nos vamos a encontrar muchas veces con personas incorrectas. Te harán creer ideas equivocadas. Muchos te dirán que solo necesitas de ti; que la fuerza no está en el amor, sino en ti mismo; que eres un animal racional que debe aprender a “gozar de sus instintos”; que todo lo que consigues no es por la gracia de Dios, sino por tus propios actos; y que seas libre de odiar al que merece tu odio. ¿Ya te lo habían dicho? Sin embargo, aunque parezcan lógicas y aparenten tener resultados beneficiosos, están llenas de inmoralidad. Eso solo te convertirá en una persona insensible. Acumularás rencor en vez de la paz que nos trae el perdonar. No todo lo tradicional es sano. El mal está mal aunque todos lo hagan y el bien está bien aunque nadie lo practique. Debemos tener siempre mucho cuidado, porque las tentaciones se presentan muchas veces disfrazadas de belleza. Recuerda que la fortaleza es esencial para lograr nuestros sueños. Jamás debemos permitir críticas destructivas. Busquemos mejorar día a día haciendo las cosas diferentes, buscando maneras de crecer humana y espiritualmente. Para merecer lo que deseamos es necesario esforzarse e ir contracorriente. Recuerda que no somos animales. Nosotros tenemos la capacidad de amar, servir a los demás, ser pacientes y transmitir alegría. Podemos, con nuestros actos, enorgullecer a nuestras familias. Así mismo, no olvides que, como dice en el libro, “el amor sabe soportar los errores de otros, no tiene envidia, detesta las injusticas y se alegra de la verdad”. El amor fortalece siempre.

Si quieres entender más el porqué de todas estas afirmaciones te recomiendo que leas en libro. Te aseguro que tendrás todo más claro y podrás aclarar ideas erróneas que muchas veces tenemos en nuestra mente. Busquemos siempre la manera de ser mejores personas, de aprender y formar valores. ¡Este libro es un gran medio para ello!

Otra de las lecciones que me parecen importantes es que debemos dejar el pasado atrás para comenzar a vivir. Es cierto que no podemos borrarlo, pero tampoco podemos permitir que determine nuestro futuro. José Carlos vivía atado a su pasado, le costaba dejar su adolescencia y convertirse en adulto. Idealizó por demasiado tiempo un amor que no existía. Eso no lo dejaba avanzar. ¡Cuántas veces nos pasa lo mismo a nosotros! Por eso, debemos aprender a perdonar y a perdonarnos, para así poder dejar atrás las malas experiencias.

Vale mucho la pena darle un pequeño espacio de tu día a este increíble libro. Es más que una historia de amor llena de frustraciones y dolor, pues Carlos Cuauhtémoc Sánchez expresa en él emociones y recuerdos de su propia  vida. ¡Permítele compartirlas contigo! No saben lo agradecida que estoy con él por escribir libros tan significativos y llenos de valor.

Martha Asto, 16 años, Lima – Perú.

Nota bibliográfica: SÁNCHEZ, Carlos Cuauhtémoc: Los ojos de mi princesa II; C.V. México, Diamante, 2013.

¿Dónde comprarlo? En cualquier librería grande, como Crisol, Zeta Book Stores, etc.

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2 comentarios en «LOS OJOS DE MI PRINCESA II, por Carlos Cuauhtémoc Sánchez»

  1. En esta misma situación están muchos jóvenes que se ven entre la espada y la pared. Quieren vivir el amor puro, posible, pero a la vez saben que los errores del pasado hacen que los demás los juzguen y hasta ellos mismos se juzguen.

    Hermano, hay que aclarar dos cosas sencillas. Una cosa es antes de la concepción y otra cosa es lo que hace Dios luego de la concepción. Apliquemos el principio de San Pablo donde se dice que “donde abundó el pecado sobreabundó la gracia”. No se puede negar que las relaciones sexuales premaritales no son queridas por Dios no porque se le antojó por capricho, sino porque Él quiere un amor verdadero para nosotros.

    Ahora bien, como venía diciendo, una cosa es el nuevo ser, tu hija y otra cosa la forma en la que fue concebida, de la cual no tiene culpa. Dios no va a separar el fin unitivo del procreativo porque al hombre le parece que tiene que deleitarse en el placer, el permite que su diseño siga. Ahora bien, respeta la libertad del hombre, en este maravilloso caso un hombre arrepentido, y actúa sobre las consecuencias de la decisión de tener relaciones sexuales: la posibilidad de colaborar con Dios en la misión de crear vida.

    Dios Padre, sin dejar la relación premarital de ser intrínsecamente mala, hace maravillas de las cosas imperfectas, y quiere que a pesar de como fue concebida, tu hija viva, y aquí la tienes. No existen los embarazos no deseados, Dios quiere que todos vivan. Lo que existen son embarazos inesperados, porque Dios respeta la decisión del hombre y la mujer por optar por el mal, por lo que hace daño.

    Pero como Él es misericordioso y santo, nos orienta a su amor perfecto y aquí estás tu, con mucho potencial más allá de lo que digan otros que te juzgan. Tu cometiste un error y el Señor te perdonó, es muy admirable que quieras enseñar a otros, en especial a tu hija, a no cometer el mismo error. Tienes que enseñarle, en última instancia, que el error no fue ella, tu hija, sino la irresponsabilidad de su padre al tener relaciones sexuales antes de un compromiso. Un hijo siempre, léase bien, siempre, es una bendición. Nadie debiera sentirse mal por como fue concebido, porque es una situación de la que no tenemos culpa. Para Dios somos hermosos y Él quiere que vivamos. Eso es suficiente, ya no importa si algunos con ingenua hipocresía llaman a ese niño “no deseado” por las condiciones en las que fue concebido o porque les da la gana, como si para Dios un niño pudiera ser “no deseado”. No es así, lo que Dios no quiere es que antes de esa concepción hayan relaciones sexuales que expresen un amor imperfecto, relaciones sexuales sin compromiso.

    Es una verdadera bendición leer testimonios hermosos como este, pues me hacen recordar el pasaje: “Al que se le perdona mucho, mucho agradece”. ¡Dios ha sido grande contigo! Ahora dedícate a formarte y leer buenos libros, como la Teología del Cuerpo de Juan Pablo II, y recuerda, eres un hombre perdonado.

    Daniel Sanabria
    Presidente del Proyecto Castidad Posible
    Maracaibo, Venezuela.

  2. ¡¡¡ Felicitaciones por tu conversión !!! Mira que San Agustín pasó por una experiencia muy pero muy similar a la tuya, él tuvo un hijo sin estar casado. A veces uno por falta de orientación, mal ejemplo o carencia de figura paterna adecuada va sin rumbo con el corazón buscando el amor verdadero pero en lugares equivocados… y ese corazón inquieto solo encuentra el descanso en la verdad de quien es la Verdad, el Camino y la Vida. Tu hijita es fruto de esa búsqueda del amor verdadero, la engendraste en esa búsqueda del amor, “a quién mucho amó, mucho se le perdona” (Lc. 7,47) y eso lo compruebas porque oraste y pudiste escuchar lo que El te venía diciendo hace mucho pero no le atendías, andabas distraído. Esa niña ha sido deseada porque sino inconscientemente hubieses usado un método para no engendrarla o no le hubieses permitido terminar su gestación. No fue así!! Alégrate !!! Dios tiene caminos increibles y misteriosos, El lo permitió para que tú te convirtieses y le muestres a ese angelito el Amor de Dios en el amor que tú le das. Nunca te preguntes por qué… sino Para Qué. No te lamentes, sal adelante, haz algo maravilloso de lo que pensabas estéril. Procura que tu experiencia ilumine a quienes practican la fornicación, el mal uso de su sexualidad para evitar embarazos fuera del matrimonio que complican la vida de tres personas pero no las hace imposibles de alcanzar la santidad. Animo. Un abrazo.

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