“Ya no soy virgen, es demasiado tarde para mí”

Crystalina Evert, autora de Feminidad Pura, no teme hablar desde su experiencia para ayudar a otras jóvenes a recuperar su pureza y emprender al camino del amor puro

Nunca olvidaré el día en que se alejó de mí por última vez. Lo único en lo que podía pensar era que “ese chico se está yendo con algo que nunca le perteneció y que nunca recuperaré”.

Tenía quince años y sabía con todo mi corazón que eso era amor. Él me dijo que si lo amaba, se lo demostrara. Así lo hice. Pero al poco tiempo, ya no quería pasar más tiempo conmigo, sólo pasaba el tiempo con mi cuerpo. Después de eso, empecé a pensar: “bueno, yo ya no soy virgen, así que ¿qué sentido tiene ya esperar hasta el matrimonio? Para mí es demasiado tarde”. Después de eso, mientras trataba de encontrar el amor perfecto, una relación vacía conducía a otra.

Toda mujer anhela el amor, pero muchas de nosotras hemos salido heridas y hemos renunciado al verdadero amor. Empezamos a decirnos a nosotras mismas que el amor no existe o que no lo merecemos. Pero el amor sí existe y sí lo merecemos.

La verdad es que ese anhelo de amor existe en ti porque es así como Dios te creó. Estás hecha para amar, Él quiere que seas amada y Él te enseñará el camino que conduce al amor si tú se lo permites.

Si has perdido la virginidad, ¡NO es demasiado tarde para ti!

Una vez que se perdió, se perdió. Eso era todo lo que corría por mi cabeza, porque sabía que nunca recuperaría mi virginidad. Una mala relación llevaba a otra, y con cada ruptura venía una desesperación más profunda. Después de unos años de estar en esto, me cansé de huir de la realidad y de esconderme de la verdad. Estaba harta de nunca estar en paz.

Dicen que cuando una oveja se aparta constantemente de la seguridad del rebaño y se pone en peligro, el pastor le rompe las piernas y la carga sobre sus hombros, cuidando personalmente de ella. Para cuando los huesos hayan soldado y la oveja pueda caminar nuevamente, habrá llegado a amar y a confiar tanto en su pastor que nunca se alejará de su lado.

Me sentía tan quebrada como esa oveja, habiendo tratado una y otra vez de escapar de Dios en busca del amor que sólo Él podía darme. Por mi propio bien, Él permitió que tocase fondo.

Sus palabras: “Separados de mí no pueden hacer nada” (San Juan 15,5), nunca pudieron ser más claras para mí. Hasta entonces había pensado que sin un chico yo no podría hacer nada. Pero me di cuenta que ningún afecto de varón puede reemplazar la seguridad que te da conocer el amor de Dios.

Una y otra vez me dije que “ya era muy tarde para mí”, pero me di cuenta de que eso era una evasión, una excusa para eludir la desafiante tarea de restaurar mi propio respeto. Mi pereza y orgullo era lo que en realidad me frenaba.

Eso también me demostraba que no me había perdonado a mí misma. Pero todos tienen cosas en su pasado que les gustaría borrar. Aquellos que viven vidas grandiosas son aquellos que aprenden de sus errores en vez de repetirlos y dejarse vencer por ellos. 

Así que ten más confianza en ti misma y un poco de fe en Dios. Los remordimientos de tu pasado pueden parecer abrumadores, pero el amor de Dios es más grande.

Crystalina Evert, Feminidad Pura.

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