“Soy adictA a la pornografía”

Sí, a las mujeres también nos pasa. No recuerdo la primera vez que la vi, pero sí la última, han pasado tan solo unos minutos…

Los cambios en mi cuerpo eran abrumadores. Mi entorno, el medio y las películas que veía (sin intención de buscar algo sexual) me incitaban a “explorar” mi cuerpo y es así que caí en la pornografía, aunque ya desde mucho antes, y sin saber muy bien lo que hacía, me masturbaba.

Tenía menos de 15 años cuando comencé con el “sexo virtual”, entrando a páginas de chats “para conocer gente” y en el conversar con completos desconocidos salían siempre insinuaciones sexuales a las que yo empecé a acceder porque me veía tentada. Mi curiosidad aumentaba, la sensación de placer me gustaba. Empecé a entrar chats de sexo y hasta llegué a desnudarme frente a una cámara para alguien que conocí por internet. ¡Que terrible suena esto ahora que lo digo! ¡Que terrible ES!

¿Por qué hice eso? ¿Por qué mostré mi cuerpo? Recibir halagos me gustaba, yo me sentía súper bien, ¿a qué chica no le gusta que le digan lo linda y bien que se ve? Pero, ¿realmente valía la pena todo eso por un par de palabras? ¿Mi dignidad tenía el precio de dos palabras?

En el fondo de todo esto lo que más quería era ser amada, valorada, ser importante para alguien, pero aprendí, erróneamente, que mi valor estaba en mi cuerpo, en el ser bonita o no, y como yo nunca fui popular entre los chicos, concluía que no valía nada. ¡Qué tristeza!

Me sentía tan sola y tan triste que me refugiaba en el placer físico que la pornografía me daba, dañando mi cuerpo y mi alma con eso. Y cada vez que vuelvo a sentirme sola y triste, caigo en lo mismo, hundiéndome cada vez más en este hoyo oscuro, aun cuando ya no sienta ni pena, ni arrepentimiento, ni culpa, ni asco, ni vergüenza por lo que hago, porque a estas alturas, ya estoy completamente anestesiada. Sin embargo, lo sé, sé que me daño y que de alguna forma hago mi vida miserable, vacía y más solitaria, porque soy esclava de la sensualidad y arrastro a otros al fango conmigo.

Lo más triste es que cuando me dicen “NO”, por respetarme, yo siento que me rechazan, como si mi valor estuviera en “cuán bien puedo hacer que un chico se sienta”, o “cuánta satisfacción puedo darle”. En esos casos, como es de esperarse, me siento tan triste que nuevamente me voy a mi “refugio”, a ese mundo ilusorio donde nadie me va a “rechazar”: la pornografía.

Luego de leer el fuerte testimonio de un joven que también se vio envuelto en la pornografía, y después de contarles mi propia historia, he decidido finalmente luchar “con alma y vida” para dejar la pornografía y esta sensualidad esclavizante, que solo me hace más triste la vida y además daña tanto a otros. Nadie merece vivir así, no hemos venido al mundo para eso. Tendré que aprender a amarme y a verme con los ojos de Dios por ser hija suya. Por supuesto me veré tentada, pero sé que no estoy sola.

Desde mi experiencia dolorosa, quiero decirles algunas cosas que es necesario que tomen en cuenta para que sean felices y hagan felices a otros.

Chicos y chicas:

• El amor no es igual al sexo. No crean todo lo que ven en las películas.
• Las mujeres no somos un producto para ser exhibido en la publicidad. No compren ideas falsas.
• Las mujeres no fuimos creadas para complacer a los hombres, ni los hombres para satisfacer a las mujeres. El hombre fue hecho para donarse a la mujer y así nuestros cuerpos están perfectamente configurados, para complementarse el uno al otro. El hombre dona la vida que la mujer acoge y protege. El hombre de verdad está llamado a dar la vida por la mujer que ama, en vez de buscar tomar continuamente algo de ella para su placer y diversión.
• La pornografía es basura para la mente, para el cuerpo y para el alma; es degradante, es disfrutar con la humillación de otros seres humanos. Te vuelve bruto/a, animal.
• Sean prudentes con los programas y películas que ven, las canciones que escuchan, los libros que leen. Lamentablemente en este tiempo el sexo está implícito o explícito en todo lo comercial, y nos crean una “necesidad” haciéndonos creer que eso es lo que buscamos.

Chicas:

• Busquen su valor en Dios. Jamás crean que valen por su cuerpo y su belleza. El cuerpo envejece y la belleza se acaba, en cambio, un alma bella permanece por la eternidad.

Chicos:

• Busquen el corazón de las chicas no sus cuerpos.
• Uno es más hombre cuando sabe decir NO.

Papás y mamás:

• Enseñen a sus hijos a amarse profundamente. Sean pacientes con ellos, reconozcan sus capacidades, ayúdenlos a mejorar sus defectos en vez de criticarlos por ellos todo el día, aliéntenlos en sus metas, acompáñenlos, conversen con ellos, establezcan una profunda confianza con ellos para que compartan su vida con ustedes (esto se hace desde que ellos nacen). La autoestima, la autovaloración y el amor propio se forman y desarrollan, fundamentalmente, en el hogar.
• No tengan miedo o vergüenza de hablar de sexo en un sentido correcto y apropiado, antes de que internet o los amiguitos/as lleguen a ellos con tanta información deformada e incluso pervertida. El sexo no es malo, es un don de Dios, es hermoso cuando se respeta la naturaleza y se vive la castidad. Pues, ¡enséñenles eso a sus hijos!
• Nunca les digan a sus hijos hombres que mientras más chicas tengan más machos son. Porque no querrán que piensen lo mismo otros chicos de sus hijas.
• Nunca le digan a sus hijas que son feas, muy gordas, muy flacas, o que si no son estéticamente “mejores” los chicos no se fijaran en ellas.
• No refuercen la superficialidad con sus comentarios, especialmente en sus hijas mujeres.
• Enséñenles a ver al otro con dignidad y a tratarlos con respeto, nunca como objetos.

Anónima, 22 años, para La Opción V

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