¿Qué de bueno aportó el sexo a nuestra relación?

Las relaciones sexuales antes del matrimonio tienen consecuencias muy dolorosas… Para no terminar con el corazón roto, no hay nada mejor que hacer las cosas bien y darle a cada cosa su tiempo y lugar. ¡Hazte respetar!

Cuando mi mamá empezó a hablarme de lo que sería “mi primera vez” me dijo que iba a ser muy especial, me dijo que todo dependía del hombre a quien yo me entregara, porque había caballeros y otros que no lo eran. Además me dijo que cuando eso pasara debía ser en el matrimonio y no antes. Desde ese momento dije que así iba a ser, que me mantendría virgen hasta el matrimonio.

Tiempo después conocí a un “hombre” que llegó a ser mi novio. Tenía yo  14 años cuando empezó nuestra relación, y él tenía 21. Él me decía muchas veces que a él no le gustaba ese tipo de “noviazgo de solo besos y abrazos”. Él buscaba algo más y siempre trataba de conseguirlo, ya que entre los besos y caricias, que para muchos parecen “inocentes”, llegó un momento en el que me dijo explícitamente que quería tener relaciones sexuales conmigo.

Ya tenía yo 17 años. Yo le dije que no quería, pero él insistía diciendo: “yo uso protección”. Yo no quería ni pensar en eso. Sería mi primera vez y yo no quería que fuera así, pero él insistía mientras que yo lloraba. A él no le importó y lo hizo. Yo no me entregué a él, él me robó lo más preciado para mí. Entonces me di cuenta de que no me había entregado al “caballero” que tantas veces me describía mi mamá.

Después de que pasó la primera vez no dije nada porque me sentía culpable y avergonzada. Volvió a pasar, tal vez porque creía que sí lo quería o que él me quería a mí. Yo pensé que ya no tenía nada que perder, pero no era así: sin darme cuenta estaba perdiendo también mi dignidad…

La relación duró un año más, pero ya no sabía ni siquiera por qué seguía con él, ya que no me gustaba estar con él. Yo sentía que lo odiaba y que ya no quería nada con él… Aquél “hombre” me humilló muchas veces, se burló de mí, principalmente cuando le dije que quería acercarme más al Señor.

Un día entre gritos y ofensas que recibía por parte de mi ex novio lloré como nunca y fui a la imagen del Señor de la Divina Misericordia que tengo en mi habitación. Me arrodillé y le supliqué al Señor que me ayudara a saber qué hacer, que no me dejara sola y me iluminara. En ese momento me invadió una gran fuerza espiritual con la que pude decirle con firmeza que se fuera de mi casa y que no volviera nunca más. En ese momento pude liberarme de todo lo que me ataba a él.

Sin embargo, no todo quedó allí. Después de tantas heridas que me había causado esta relación, me di la oportunidad de estar con otro muchacho en quien confié demasiado. Cometí la gran estupidez de pensar que él iba a sanar tanto dolor en mi corazón. Ingenuamente creí que ya nadie más se iba a burlar de mí, pero me equivoqué. Por “amor” me entregué a él pensando que él sí era el caballero que yo esperaba. Luego de eso, todo se volvió un infierno…

En la actualidad nos quieren hacer creer que tener relaciones sexualens antes del matrimonio es algo normal, que es algo que “no te puedes perder”, que “te hace ver las estrellas”, que “es una necesidad” que todos tenemos, que “que no pasa nada”, que “ayuda a fortalecer la relación”… en resumen, te lo presentan como lo mejor del mundo, ¡pero no es así!

Yo lo hice, y si bien la primera vez fui presionada, pues en esta nueva relación fue una entrega sincera. ¿Y qué de bueno aportó a nuestra relación? Poco a poco empezaron unos celos enfermizos entre nosotros, ya no había respeto, llegaron nuevamente los gritos, las ofensas y la posible infidelidad por parte de él. Si bien no pude comprobarlo fehacientemente, muchas cosas apuntaban a esa situación. Era obvio que lo de nosotros —si alguna vez lo fue— ya no era amor, era cualquier cosa menos eso. A pesar de todo, ¡yo seguía con él! ¡Qué difícil es dejar a alguien cuando ya te has entregado a él, a pesar de que todo te indica que eso ya no es amor! Esta vez fue él quien terminó la relación y me dejó, aún no sé exactamente por qué…

Con el tiempo empecé a asistir nuevamente a la Eucaristía, a vivirla, a amarla, y así poco a poco empecé a conocer al caballero que tanto anhelaba mi corazón: ese Caballero me trataba y me sigue tratando como una princesa, ¡no hay nadie que me ame y me respete como Él!

En cada oración le pedía que si era su voluntad me permitiera conocer a alguien con quien yo pudiera vivir un verdadero noviazgo, alguien que compartiera mi misma fe y que lo amara a Él antes de mí. Hoy, a mis 25 años, tengo un novio muy especial. Él es un católico practicante con quien aprendo muchas cosas. Nos une nuestra fe y el amor a Cristo. Es cierto que muchas veces tenemos pequeñas dificultades, pero el Señor nos ayuda en nuestro camino. Nuestro propósito es vivir la castidad, ir contracorriente. Soñamos con un buen matrimonio, en el que siempre esté Cristo presente, y sabemos que para lograrlo es necesario empezar desde ahora. No niego que sea difícil y que en algunas ocasiones somos tentados, pero siempre hay una mano que nos sostiene y nos fortalece para no caer.

En nuestro camino tratamos de que no falte la Santa Eucaristía, que siempre nos alimentemos del Cuerpo y la Sangre de Cristo, pues ese alimento nos fortalece para crecer en el amor y vencer toda tentación que pueda aparecer en el camino. ¡Por nada del mundo cambiaría lo que ahora tengo, gracias a Dios!

Desde mi propia experiencia yo les digo a las adolescentes que no se dejen engañar por las ideas equivocadas que les quieren hacer creer. ¡Háganse respetar! No usen mal la libertad que tienen. No renuncien al amor verdadero por hacer “lo que todos hacen”, por seguir lo que está de “moda”…

Las relaciones sexuales antes del matrimonio tienen consecuencias muy dolorosas, desde el maltrato emocional y físico, el rencor o la amargura que envenenan el corazón, hasta el estar en boca de todos por los chismes que inevitablemente se difunden. No hay nada mejor que hacer las cosas bien y darle a cada cosa su tiempo y lugar.

 Jóvenes, ¡aprendan de mis errores! ¡No tengan miedo de ir contracorriente, con la certeza de que el premio será mucho mayor! ¡Busquen su fuerza en el Señor, pues con Él todo lo podemos!

¡Gracias y que Dios los bendiga!

 M. K., 25 años, Costa Rica.

Testimonio escrito para la La Opción V:
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