“Pensaba que era una manera de demostrar el amor y hacerlo feliz”

Soy una chica de 18 años. Hace 2 años tuve mi primer enamorado. Todo comenzó cuando estábamos acabando 4to de secundaria. Fue la primera persona por la que tuve sentimientos, mucha ilusión y poca razón. Duré 1 año con él, pero, durante ese tiempo, pasaron muchas cosas.

Todo comenzó bien y poco a poco, de las caricias y cosquillas, pasamos a otras cosas. No me hacía respetar y me sentía “amada” por él al hacer esas cosas. Por miedo a que me quisiera menos o me dejase de querer, accedía a lo que él quería.

Hoy creo que fue un gran error haberlo permitido, pero, en esos momentos, ni se me pasaba por la cabeza las dolorosas consecuencias que traería a mi vida. Yo pensaba que era una manera de demostrar el amor, que era una manera de hacerlo feliz, a pesar de que iba en contra de las tantas cosas que había aprendido en la confirma sobre el verdadero valor del amor, los pecados, mi relación con Dios, entre muchas cosas más.

Finalmente llegó un día en el que fuimos mucho más allá de “tocarnos”. Casi tuvimos relaciones sexuales, aunque el miedo nos detuvo y no seguimos. Sin embargo, yo estaba tan asustada que tomé una “pastilla del día siguiente”, y la verdad es que todo lo que dicen sobre esas pastillas es cierto. Los efectos secundarios como mareos, cólicos fuertes, dolor de cabeza y náuseas, todo eso sentí, y desde aquel momento mi periodo ya no es el mismo y ni yo me siento la misma de antes. Yo jamás pensé que recurriría un día a una pastilla del día siguiente. Simplemente me desconocí totalmente.

Algunos te dicen: “tómate una pastilla para que estés tranquila y nada malo pase”. Para mí eso es una gran mentira, porque me sentí peor de lo que ya me sentía, más aun cuando supe que también es como si estuvieras abortando, y ese hecho es el que me mataba por dentro y me carcomía la culpa.

Luego de eso las cosas entre él y yo también cambiaron mucho. Las peleas aumentaron y se hicieron muy fuertes. Por cualquier cosa nos llegamos a decir cosas muy hirientes y a distanciarnos cada vez más. La relación iba en picada, aunque yo pensaba que se solucionarían las cosas y que no pasaría nada malo como terminar. Siempre tuve la falsa seguridad de que seguiríamos juntos por haber pasado por todas esas cosas. La verdad es que ambos llegamos a pensar que hacer esas cosas ayudaría a la relación, ya que tendríamos “más confianza” de la que ya teníamos. Pensábamos que haciendo esas cosas todo sería mucho mejor, y hoy les puedo decir que esa es otra gran mentira que uno se cree.

En cuanto a mi conciencia yo buscaba tranquilizarla día a día pensando que todo lo que habíamos hecho era por amor, que eran “tan solo muestras de amor”. Pero no, eso era engañarme a mí misma y vivir en una mentira que yo pensaba que era “amor”. No asimilaba la realidad de que nada de eso era amor, sino egoísmo. No asimilaba que la relación se arruinó desde aquel momento que no supe decir “no” y me dejé llevar por los momentos, pues después de eso ya no éramos felices.

Finalmente sucedió lo que yo pensaba que nunca iba a suceder: él me terminó diciéndome que ya no me amaba más. Jamás olvidaré el inmenso vacío que sentí, ni el verme tan aferrada a una persona y sentirme tan inferior a él, verlo tan “normal” mientras que yo estaba destrozada. No sabía cómo manejar la situación, más aún cuando no le había contado a nadie todo lo que había pasado con él por temor y vergüenza. Llegué al punto de rogarle tres veces para volver, y eso fue lo peor que pude hacer.

Ahora les puedo decir que es cierto todo lo que te dicen que pasará si no sabes esperar, así como todo lo que sucede en las relaciones cuando avanzan sexualmente: la relación se deteriora y acaba estrellándose. Termina mal. Tu mente se distorsiona y te esclaviza.

Fue así como yo terminé: mal, destrozada y sin siquiera conocerme. Mis amigas no sabían cómo ayudarme porque yo no me dejaba ayudar, no las escuchaba y yo estaba tan aferrada a la idea de que volvería con él, que era solo cuestión de tiempo para que todo volviera a ser como antes. Pero vivir en esas ilusiones y mentiras, no aceptar las cosas tal cual son y no tener el suficiente amor propio te hacen acabar estrellándote sola en tus propias ideas.

Después de eso, puedo decir que el tiempo me curó, así como el amor de Dios. Gracias a Él he podido volver a comenzar y a perdonarme todo lo que pasé e hice. A todo esto le llamo mi “pasado oscuro”. Es algo de lo que no estoy orgullosa de haber hecho. Sin embargo, a pesar de haber caído tan bajo, aprendí muchas cosas como conocerme a mí misma, dedicarme a mí, a crecer espiritualmente, escuchar a otros y valorarme más. Pasar por eso me ayudó a ser quien soy ahora, a construirme y ser más fuerte ante cualquier situación que venga en mi vida, a ser una mujer que se haga respetar, perseverar y vivir como debe ser, con la castidad, con amor y dedicación, con grandes objetivos.

Con esto no quiero decirte que sería bueno que tú también lo pases. ¡De ninguna manera! Si te lo comparto es porque no me gustaría que nadie pase por estas cosas. Realmente no se lo deseo a nadie porque sé cuánto duelen y cuánto cuestan superarlas. ¡Cuántas chicas hoy en día están a punto de cometer este tipo de errores o ya los cometieron por no escuchar a quien deben y escuchar en cambio a personas equivocadas que les dan una idea errónea de lo que es el amor! Yo fui una de esas, y por eso, con mi testimonio, quisiera evitar que otras pasen por eso o por cosas peores.

¡Chicos! ¡Dejemos de tapar el sol con un dedo! Adelantarnos con el sexo no es amor, es egoísmo y usarse para el placer. ¡No confundamos las cosas! Cuando alguien te diga o tú quieras convencerte a ti misma de que “es por amor”, solo hay una simple respuesta: ¡NO! NO a una falsa “muestra de amor”, NO a hacerte daño. ¡Ese NO es un SÍ al amor verdadero!

El verdadero amor no es egoísta sino que busca el bien de ambos. Ese amor lleva a una relación constructiva que te ayudará tanto a ti como a la otra persona. Por eso, esperar es lo mejor que podemos hacer. Ejercitarnos en la virtud de la castidad nos llevará a crecer en ese amor, a superarnos cada vez más y a comenzar siempre de nuevo cuando sea necesario.

Para terminar quisiera darte un último consejo: antes de querer o amar a alguien quiérete a ti misma o a ti mismo. Nadie más lo va a hacer mejor que tú. ¡Valórate, date cuenta de qué es lo que mereces y lucha por ello sin cansarte nunca! 

T., 18 años.

Testimonio escrito para La Opción V

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