“¡La castidad me ha hecho libre para amar y ser amada de verdad!”

Cuando cursaba el quinto de primaria tenía unos 10 años se presentó en el colegio una campaña publicitaria de Kotex promocionando sus toallas higiénicas. Además de la promoción, nos hablaron sobre los cambios que tendríamos en esta etapa. Nos explicaron las partes y funciones del aparato reproductor femenino y masculino. Asimismo, tocaron el tema de las relaciones sexuales y lo que nos podría suceder si las teníamos en los días fértiles. Nos advirtieron que si no usábamos ningún método anticonceptivo probablemente quedaríamos embarazadas. Sin embargo, nunca nos dijeron que lo mejor era esperar, guardarnos hasta el matrimonio. Por el contrario, lo pintaron como algo que todos hacen hoy en día y muy usual entre los jóvenes. Desde entonces todas mis amigas y yo crecimos con la idea de que el sexo entre adolescentes era algo normal.

A mis 14 años algunos chicos se interesaron en mí. Me sentía feliz y bonita por el hecho de agradarles a muchos, hasta que llegó uno que me atrajo. Comencé a salir frecuentemente con él pensando en que algún día ese chico me pediría para ser su enamorada. Él me llevaba a su casa cuando no había nadie y como jugando, entre besos y abrazos, se encendía la llama de la pasión. Una vez que avanzábamos, ya no podíamos retroceder. En esas primeras experiencias sexuales nunca le permití realizar el acto sexual completo, puesto que le tenía un pánico increíble a quedar embarazada. Como transcurrió el tiempo y él nunca me pidió para ser enamorados, finalmente me quedé con la sensación y el recuerdo de que fui usada.

Pasaron los años y a los 16 tuve mi primer enamorado. Él había sido un buen amigo por dos años y nos llevábamos muy bien. Cuando comenzamos todo era genial hasta que con besos muy apasionados y abrazos, descubrimos algo que no debimos descubrir. Siempre que podía me tocaba y yo lo dejaba porque nos parecía algo normal, un juego “caliente” que “no nos hacía daño”. Con él… perdí mi virginidad.

Recuerdo perfectamente una semana que su familia salió de viaje y él se quedó solo cuidando la casa. Esa semana fue la más horrible que viví en mi relación con él porque me manipulaba con engaños para que fuera a su casa, entre otras cosas, me decía que estaba mal de salud y yo le creía. Cuando llegaba, lo único que quería era tener sexo, y lo hacíamos porque era algo normal para los dos y porque la situación se prestaba para eso.

Desde que empecé a tener relaciones sexuales mis días se transformaron en la peor pesadilla que hubiera podido tener. Solo contaba las horas para que llegara el día de mi periodo. Realmente vivía muy angustiada y no podía sentirme totalmente feliz con él, pensando que si quedaba embarazada tendría que afrontar todas las consecuencias que eso implicaba.

Por eso, pensando en mi salud y en el futuro de los dos, decidimos ir a una clínica donde nos podrían recomendar algunos métodos anticonceptivos más efectivos y escogí tomar pastillas todos los días a la misma hora. A pesar de eso seguía estando insegura así que le dije que él también se debía proteger usando condón, a lo que me contestó: “¿Qué? ¿Para qué? Si ya estamos protegidos porque estás tomando las pastillas”. Le insistí que no me sentía segura, que no disfrutaría nada pensando en que podría salir algo mal y añadí que ningún método era 100% seguro. Él se negó y fue en ese momento cuando abrí los ojos y me di cuenta cuan egoísta podía ser, pues solo estaba pensando en su máximo placer y no en cómo podía sentirme yo.

Finalmente comprendí que “hacer el amor” nos había llevado a deshacer el amor. Todo el amor que sentíamos en un comienzo se había desvanecido, nuestra relación poco a poco se fue destruyendo porque todo empezó a girar en torno a lo sexual.

Fue entonces cuando decidí terminar mi relación con él, porque para él ya todo era sexo. Nuestra relación duró ocho meses (después de haber regresado como tres veces porque no soportábamos estar el uno sin el otro) y terminó de la peor forma posible.

Me dio mucha pena pero finalmente tuve que eliminarlo de mi vida con todo lo que hoy en día implica eliminar: eliminarlo de las redes sociales, su número de celular y todo lo demás. Entendía que solo podría recuperarme de todo el daño que nos habíamos hecho si no estaba pendiente de él.

Después de una semana de haber cortado con él me lo crucé sin querer. ¿Y qué creen? ¡Iba caminando de la mano con una chica! Ahí fue cuando pude reafirmar que ya no me amaba y que me había estado usando tan solo como un objeto para su satisfacción sexual.

Lamentablemente hoy en día nadie nos habla sobre el valor de la castidad. ¡Al contrario! ¡Por todos lados y a cada segundo nos mandan mensajes que nos incitan al sexo libre, sin compromiso, sin amor! En el colegio, en películas, series, publicidad en las calles, redes sociales, música, ¡por todos lados! Lo único que hacen es empujarnos a “disfrutar de la sexualidad con tal de que nos cuidemos”, y al dejarnos llevar por ese mensaje, lo único que hacemos es apartarnos cada vez más del amor verdadero que buscamos y merecemos.

Yo fui una más de las que no tuvieron otra opción, de las que lo hizo porque “es normal”, porque “todos lo hacen”, porque “si nos amamos no tiene nada de malo”. De las heridas profundas que nos causamos, del daño que nos hace apresurar las cosas, de que lo mejor es esperar para que el amor madure, nadie te habla.

Bueno, casi nadie… cuando me encontré con La Opción V, ¡todo cambió en mi vida! Gracias a LOV llevo un año viviendo la castidad y definitivamente mi vida dio un giro de 180 grados. Ahora siento mucha paz, he aprendido a vestirme con pudor, sé cómo comportarme en una fiesta, reconozco que soy una hija de Dios y que merezco respeto y un amor verdadero.

Además, al descubrir esta valiosa virtud, no pude contenerme… en realidad, ¡me sentía “explotar” de tanto amor y tanta información y no podía quedarme callada! Así que, venciendo mis miedos e inseguridades, empecé a dar charlas a jóvenes de 15 años. La última fue hace una semana, les ha ayudado un montón y me alegra ver que luego de escucharme hablar de la castidad y las cosas buenas que ha traído a mi vida también ellos quieren vivirla.

Finalmente les puedo decir que LOV es un gran apoyo para nosotros los jóvenes. Cada testimonio, cada artículo, cada video, cada foto o frase que publican diariamente nos sirve para recordar el anhelo tan grande que tenemos todos de amar y ser amados, y nos alientan a seguir en esta lucha sobre todo en los momentos de debilidad, confusión o tentación.

A todos los jóvenes que han leído mi testimonio quiero invitarlos a hacer esta valiente opción, a no tener miedo de ir contracorriente y ser parte de esta revolución del verdadero amor. Vivir la castidad no es fácil, es ir contracorriente todos los días, pero yo les aseguro que ¡vale la pena! ¡La castidad nos hace libres para amar y ser amados de verdad!

A., 18 años, Perú.

Testimonio escrito para los jóvenes de La Opción V

* ¡Este Blog es un espacio creado para ti! Tú también puedes enviarnos tus preguntas, testimonio o reflexiones a laopcionv@gmail.com, con nuestro compromiso de guardar tu identidad en la más absoluta reserva. Con tu colaboración y participación podremos ser cada vez más quienes creemos que el amor verdadero sí existe, y que el camino para alcanzarlo es la castidad!

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