«He optado por la castidad porque ya no quiero vivir engañándome»

En realidad, no lo pensé mucho antes de empezar a escribir esto. Algo en mí me empujó a hacerlo. Quizá sea parte del proceso que tengo que pasar para seguir sanando y perdonándome. Hasta hace tres años yo vivía una vida muy light, relativa y de supermercado, por así decirlo.

Tuve tres novios, salí con algunos otros chicos de forma «casual» y, muy en el fondo, estaba vacía. De más está decir que perdí mi virginidad hace años, cuando tenía 18 o 19. Ahora tengo 27 años y digo con orgullo y un poco de timidez que he optado por la castidad porque tuve un Encuentro con Cristo y ya no quiero vivir engañándome, llegando a misa y llevando una vida relativa.
El proceso no ha sido para nada fácil. Recuerdo que cuando empecé a caer en la cuenta de lo equivocada y lo dependiente que era mi relación, fue gracias a un testimonio de Eduardo Verástegui que escuché por primera vez que era posible tener una segunda virginidad. El novio que tenía en ese entonces solía echarme en cara mi vida light porque a pesar de que llevábamos una vida sexual activa  yo seguía yendo a misa. Yo solo me estaba engañando y dando un mal testimonio como católica.
Después de darle muchas vueltas, decidí hablar con él sobre el tema y decirle que quería dejar de tener relaciones sexuales, pues si me quería y me amaba tanto, podría esperar a que llegara el día en que nos casáramos. Resultó que no me quería y no me amaba tanto como decía. Me reprochó la decisión y quiso hacerme sentir culpable por quitarle algo, pues su argumento era que si nos amábamos, no había nada de malo en expresarlo sexualmente. En ese momento yo me sentí como un objeto, pero también la dueña de mi cuerpo, la que decidía que hacer, era yo, no él.
Por eso nos alejamos, aunque la relación no terminó tan fácilmente. El apego era muy fuerte. Mientras tanto, busqué grupos juveniles y tuve la bendición de ir a un Encuentro con Cristo ese mismo año. Conocí nuevos amigos y poco a poco Dios empezó a cumplir mis anhelos, pues una de mis peticiones era poder tener amigos católicos porque en realidad, no tenía a nadie a quien recurrir y cuyos consejos fueran de acuerdo a mi fe.
Terminó el 2012 y recaí. Las tentaciones nunca desaparecen y pues este chico siguió buscándome y quizá todavía faltaba que yo estuviera determinada a alejarme definitivamente. Aprendí que es más difícil la convivencia si él no comparte la misma fe, y una se expone a momentos en los que es más tentador dejar pasar ciertas caricias o momentos demasiado íntimos.
Al año siguiente, los vínculos con mis nuevos amigos fueron cada vez más fuertes. Encontré una comunidad que no me juzgaba por mi pasado y que me acompañaba en mi vida como mujer nueva. Pero los fantasmas seguían ahí.
Cuando era niña estuve expuesta a la pornografía y a chats con desconocidos, por lo que habían en mi mente ciertas imágenes de las que me era muy difícil desprenderme y me daba mucha vergüenza admitir eso frente a un sacerdote. Aparte, me sucedía que a veces se me olvidaba decir algo en confesión, por lo que esos fantasmas seguían deambulando y me sentía mal por tener ese tipo de pensamientos, imágenes explícitas o recuerdos de mis relaciones pasadas.
Pero como todo es un proceso y Dios seguía cumpliendo sus promesas, otra de las peticiones que hice con todo mi corazón fue el poder ir a la Jornada Mundial de la Juventud del 2013. Viendo una película de Juan Pablo II me enteré de que existían estas jornadas y fue un elemento más que Él usó para acercarme más a Él. Varios de los testimonios que escuché reforzaban la idea de la vida en castidad y al regresar a casa venía más decidida a perseverar.
No les voy a mentir, no ha sido sencillo. Sigo soltera pero con mucha fe y optimismo. Hace unos meses conocí a un chico que a pesar de haberme dicho que respetaba mi decisión, llegó el momento en que empezó a buscar un acercamiento más íntimo y gracias a que tenía una vida con más oración, logré perseverar. Además, estoy más involucrada en el servicio dentro del grupo de jóvenes, dando catequesis y otras actividades. Decidí alejarme de él porque muy en el fondo, algo me decía que en realidad, no éramos el uno para el otro. Sobre todo si no lograba respetar mi cuerpo.
Venía en ese proceso cuando durante la cuaresma de 2014 los fantasmas empezaron a regresar. Relaciones casuales que no había compartido durante el sacramento de la confesión, los días en los que chateaba con desconocidos o recaídas con exparejas empezaron a molestarme. Me sentí muy triste. Me sentí como la samaritana que había tenido cinco maridos y ahora andaba con uno que no era su marido, o como María Magdalena y la mujer que lloraba sus numerosos pecados a las pies de Jesús, todas juntas. Mi pasado me avergonzaba, todavía me da pena. Me daba un poco de pena llegar a confesarme y busqué al sacerdote con el que más confianza siento al hablar, pero nunca llegaba él a las horas de confesión de la parroquia. Siguieron pasando los días hasta que llegó la fecha de un retiro cuaresmal en el que providencialmente pasaron muchas cosas en mi corazón. Una de las certezas que recibí fue el confiar en las promesas y que tarde o temprano encontraré al compañero que Dios diseñó para mi. Ese mismo día llegó el sacerdote con el que yo quería confesarme y les aseguro que sentí en mi corazón que eso no era casualidad. Fui a hacer la fila cuando era el momento de las confesiones y a pesar de que había dos curas más, cuando llegó mi turno, me tocó con el padre que les comenté. En ese detalle sentí que Dios me hablaba, me abrazaba y me perdonaba. Su misericordia es tan pero tan grande que no hay nada imposible. El padre no me juzgó, me miró con mucho amor y todo lo que yo pensaba que era grave, dejó de tener tanto peso. Era más fuerte el amor de Dios.
Uno de mis anhelos más grandes es casarme pero quiero hacerlo bien y no sé cuando llegue ese momento, pero confío en que podré tener esa relación centrada en Cristo que me acercará más a Dios.
Escribo estas líneas porque creo que la castidad es una opción para la que nunca es tarde. Si alguien lee esto y todavía no ha tenido relaciones sexuales, me gustaría aconsejarle que lo medite mucho y que se abstenga. Me arrepiento tanto de haberlas tenido y me gustaría mucho poder retroceder el tiempo y no haber perdido el tiempo con relaciones pasajeras que me hicieron tanto daño. ¡Quisiera vaciar mi mente de tantas imágenes y no haber pasado momentos vacíos junto a personas que finalmente solo querían mi cuerpo! Y aunque lleváramos varios meses o años de estar saliendo, al final los «te amo» no duraban y resultaban siendo falsos.
Y si ya has pasado por muchas cosas y estás pensando en optar de nuevo por la castidad, ¡ánimo! Desde mi experiencia te digo que SÍ SE PUEDE, y que todo lo podemos en Cristo que nos fortalece.
L.C., 27 años.
Testimonio escrito para La Opción V

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