Cuando un hombre te ama de verdad, ¡sabe esperar!

Hace unos meses me casé con el amor de mi vida, y cumplí mi promesa de vivir la castidad y esperar hasta el matrimonio. Pude entrar por las puertas de la iglesia del brazo de mi padre y desde lo lejos sonreírle al Señor mientras le decía con mi mente: “Lo hice por amor a ti”.

Pero no fue siempre un camino fácil.

Todo comenzó en el 2009, cuando a mis 18 decidí asistir a un Congreso de Estudiantes Católicos (CONVIVIO) en Lima, Perú. Fue un momento de encuentro con el Señor muy fuerte. El último día de CONVIVIO tuve la que ha sido la mejor confesión de mi vida. Él Padre que me confesó me ayudó a entender el amor de Jesús por mí y lo felices que son las personas que dan su “sí” al Señor.

Ese mismo día aquél Padre me regaló el libro Amor Puro. Recuerdo haberlo leído en 2 días. ¡No podía ni dormir hasta acabarlo! En aquel tiempo yo tenía un enamorado ya de 3 años, y este libro de alguna manera influyó en cómo yo quería llevar mi relación. Para él fue difícil aceptar todo lo que yo quería, pero seguimos juntos. Luego leí Feminidad Pura y Masculinidad Pura y decidí que yo quería vivir la castidad y llegar virgen al matrimonio.

Luego de unos meses terminamos la relación por algunas diferencias, pero sobretodo por la distancia que nos separaba y las 16 horas de diferencia horaria que había entre nosotros, pues yo me había ido a Australia a continuar mis estudios. Mientras estudiaba en Australia jamás pensé que luego de terminar una relación que había durado casi 5 años iba a encontrar a una persona que respetara mis ideales o que compartiera mi pensamiento sobre la castidad. Pero no fue así…

Conocí a Mike poco después de haber terminado con mi ex. Yo no buscaba ninguna nueva relación, sobre todo después de que la anterior relación a distancia no había funcionado. Mike y yo nos hicimos amigos. A él le encanta la música latina y fue así como comenzamos a conversar y un día me dijo para ir al bar de la universidad con sus amigos. Lo único que me acuerdo de esa noche es que llegamos, nos sentamos y comenzamos a conversar de todo: de su familia, de su carrera, de cómo era Canadá y como decidió estudiar en Australia. Lo que me impresionó —y fue lo que me hizo pensar en la posibilidad de estar con él— fue cuando dijo “mi mamá y mi hermana son las mujeres más importantes de mi vida”. Cuando un hombre habla así de su familia, dice mucho de cómo él quiere que sea su futura familia.

Luego de algunos meses de salir juntos me dijo que yo le gustaba y que quería estar conmigo. Yo le dije que hasta ese momento había vivido siempre la castidad y que mi mayor sueño era llegar virgen al matrimonio. Le pareció un poco extraño lo que le dije pero luego sonrió y me dijo:

“Hay algo especial en ti y por ti estoy dispuesto a esperar”.

Pensé que con el tiempo tal vez esa idea cambiaría, porque él es de otra cultura y con otros pensamientos, pero no. Cuando estábamos solos jamás intentó nada y siempre me decía: “es difícil, pero por amor a ti lo hago”. Yo rezaba muchísimo para mantenerme siempre fuerte y él siempre me respetó. Y es que es así, cuando un hombre te valora y te ama de verdad, ¡sabe esperar y respetar tu propósito! Por eso es muy importante que nosotras los hagamos esperar, y en esta espera mantengamos siempre elevados nuestros estándares. Así él se enamorará más de quien eres en verdad, y su amor por ti no se verá distorsionado por la miel del sexo.

Luego de 2 años de vivir en Australia, terminé mis estudios y regresé a casa. No pensamos en la posibilidad de terminar, porque estábamos dispuestos a hacer que la relación a la distancia funcione. En mi caso era la segunda vez que intentaba una relación a distancia, y tenía mucho miedo. Pero recuerdo haberme arrodillado ante el Santísimo y con mucha confianza decirle al Señor: “Señor, tú por algún motivo me metiste en esto, y yo sé que tú me vas a ayudar en todo lo que venga. Confío en ti”.

Todavía recuerdo el día que hablamos sobre el futuro. Yo me moría de miedo porque sólo habían dos opciones: o él iba a Ecuador o yo al Canadá. No les puedo explicar la mezcla de sentimientos que tenía, de tristeza y de alegría. Pensaba en mi familia, mis amigos, mi vida espiritual, ¡todo estaba en Ecuador! Pero luego pensaba: “este es el hombre que Dios quiere para mí, si él me ha mostrado su amor respetándome, yo debo mostrarle mi amor dejándolo todo por él”. Y como me dijo mi mami, “la mujer debe seguir a su esposo”.

Esas palabras fueron las que me mantuvieron fuerte en 8 meses que no nos pudimos ver, mientras él terminaba sus estudios en Australia. Luego de ese tiempo me sorprendió en Ecuador, y al mes de haber llegado le pidió mi mano a mi mami, a mi hermana y a mi papi y les prometió que me haría la mujer más feliz del mundo. Luego de unos días me pidió matrimonio. Fue sencillo, pero sus palabras hacen aún que mi corazón se sobrecoja. Recuerdo vivamente lo que me dijo: “Cuando te conocí, vi algo especial en ti, algo que no se puede describir con palabras. Pasamos por momentos muy difíciles, pero los superamos. Mi vida no está completa sin ti, porque tú me ayudas a ser una mejor persona cada día”.

Es difícil explicar en palabras uno de los acontecimientos más importantes de tu vida, pero lo único que quiero que se lleven de mi testimonio es lo siguiente:

En algún lugar de mundo hay un hombre esperando por ti, un hombre que está dispuesto a amarte como eres, a respetarte, a ayudarte a cumplir tus promesas, a vivir contigo la castidad y a entender que el enamoramiento es más que relaciones sexuales: es un espacio para conocer el corazón de la otra persona, para aprender a pensar en el otro antes que en ti misma. En algún lugar del mundo está el hombre que muere por verte sonreír todos los días.

Hoy, a mis 24 años, estoy felizmente casada. ¡El día de mi matrimonio fue tan especial! Cuando entré por el umbral de la iglesia sentí todas las gracias posibles sobre mí, sentí que Jesús me abrazaba y me decía que estaba orgulloso de mí. ¡Yo no paraba de sonreír por esa alegría que me inundaba! Mis amigos y familiares me decían que nunca habían visto a una novia tan feliz y a una pareja tan enamorada. Toda su familia y amigos de todas partes del mundo estaban maravillados.

Estoy segura de que nada de esto habría sido posible sin la castidad. Cuando confiamos en Dios todo es posible, es posible vivir un enamoramiento sin sexo, es posible sobrellevar relaciones a la distancia, es posible renunciar a tus sueños por construir nuevos con esa persona que Dios eligió para ti. Luego de esperar con Mike yo les puedo decir que ¡vale la pena esperar! No importa si tienes 20, o 30, Dios sabe cuando es el momento perfecto, solo tenemos que confiar en Él. Y mientras esperas, acércate más al Señor, conoce más sobre ti, tus fortalezas, debilidades, miedos y sueños, para que el día en que esa persona llegue sepas lo que quieres para tu vida. ¡Ah! ¡Y nunca te contentes con nada menos que la felicidad plena!

Finalmente quiero contarles que yo tengo una caja de oraciones que dice: “When your head starts to worry, and your mind just can´t rest, put your prayers down on paper, and let God do the rest”. Esta cajita fue mi aliada en todos los momentos que me quería dar por vencida. Hoy les puedo decir que todo es posible de la mano de Dios.

Cristy

Testimonio escrito para La Opción V

Foto: cortesía de Cristy

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2 comentarios en «Cuando un hombre te ama de verdad, ¡sabe esperar!»

  1. Todo suena muy padre pero la vida real es otra. Empiezo a dudar de estas historias, si son reales q bien. Yo sólo creo q es pura fantasía, si las mujeres q conozco vieran ésto estoy seguro q se reirían

    • Las mujeres que conoces no son todo el universo de mujeres que existen. Hay mujeres y hombres distintos a los que tu conoces. Acá no publicamos nada inventado, son testimonios reales. Una pena que creas que es pura fantasía…

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