Pornografía: Carencias, heridas, dinero y patología

No puedes salir de la negra mazmorra. Tú quisieras. Buscas salidas. Haces esfuerzos, y te vuelven a echar dentro. ¡Ja, ja, ja ja… pensabas que te ibas a escapar! El prisionero logra salir un ratito, pero un sedal invisible le ata a su querida-odiada mazmorra. Y en ese mismo momento que parece que se ha liberado, ya está planeando qué va a hacer para volver a una prisión más “agradable” y profunda. No puede vivir sin ella. No sé lo que es la droga…, debe ser muy parecido.

Estas son palabras escritas por un paciente. ¿Qué mazmorra es esta? La pornografía y la adicción al sexo. Como éste, otros tantos: un chico joven, casado y con tres hijos al que echan del trabajo por consumo de pornografía en internet, una chica que ya no recuerda el número de parejas y otra que se engancha a los contactos por la red, un hombre divorciado dos veces al que su nueva pareja descubre con pornografía y le rechaza… y así tantas y tantas personas. Para ellos la pornografía no es algo indiferente.

Para otros tampoco. Mueve 7 billones de dólares al año. Es lo que el catedrático de Psicología de la Sexualidad Félix López llama “el mito de la sexualidad como producto de mercado. Se usa esa necesidad para que haya más clientes de pornografía, de prostitución y se compre y venda más”.

Empieza a dejar de ser un tabú poder decir que la pornografía no es beneficiosa para la persona y genera problemas. Por ejemplo la revista Newsweek le dedica un reportaje en noviembre (2011): “La epidemia de la adicción sexual”. Recoge algunos testimonios como el de Valerie que afirma que “tratando de remediar la soledad y de superar el miedo a no ser querida, buscaba el amor en lugares equivocados” y estima que hasta un 6% de la población podría tener este problema.

Tengo adicción a la pornografía en internet… Tengo una doble vida. Una esquizofrenia total: doble nombre, doble identidad, doble profesión… todo, todo, todo… doble. Es una vida absurda. ¿Cómo no me he vuelto loco?”. Palabras de otro paciente.

En una reciente investigación publicada en el Journal of Sex Research, PJ Wright de Indiana University, entrevistó a 14.000 hombres y encontró que en los últimos 35 años, el porcentaje de consumidores había aumentado de un 26 a un 34%. Estos tenían un mayor número de parejas sexuales y con más frecuencia pagaban por “tener sexo”, estaban más a favor de las relaciones antes del matrimonio, las relaciones fuera del matrimonio y las relaciones sexuales entre adolescentes. Esto no es indiferente por las repercusiones personales, familiares, sociales y de salud pública.

Aunque mi forma de ser es alegre y suelo divertir a los demás (me lo dicen constantemente), vivo con un profundo estado de insatisfacción que durante años he intentado llenar con las compulsiones sexuales, que, por el contrario, me han ido dejando más vacío y con más sentimientos de culpa, por no hablar de las consecuencias negativas con mi esposa”.

Quizá la mayoría de los consumidores de pornografía no han llegado a este extremo, pero han comenzado a andar ese camino. Parece que nos hemos acostumbrado a ver anuncios pornográficos, a que en quioscos, librerías y gasolineras haya revistas y vídeos… e intentan colarnos el gol de que no es pornografía, es “erotismo”. Ya, y yo voy y me lo creo. Puedes elegir si consumes pornografía o no. Pero no lo hagas a ciegas.

Mercado, dinero y desprecio a la persona. “Algunos parientes mayores dejaban a vista de los niños material pornográfico que desfiguraba por completo el valor de la sexualidad. Esto me escribe otra de las personas que ha pedido ayuda por estos motivos.

¿Qué hago escribiendo sobre esto? ¿Por qué es necesario consultar a especialistas sobre nuestra vida sexual? A veces encuentras personas que por rechazo a la “hiperexposición” de lo sexual, rechazan aspectos normales y saludables de la sexualidad. La distorsionan porque ya no saben qué es sano, qué no, qué supone afecto y respeto y qué es intrusivo o agresivo. Ante la duda, prefieren no arriesgar y se pierden la riqueza de una dimensión importante de la persona.

Estamos en una buena época para dar a la sexualidad un equilibrio adecuado, que se fundamente en la libertad y en la dignidad de las personas. Que esperemos de la sexualidad lo que nos puede dar, como explica también el profesor Félix López: “sin duda alguna la sexualidad está supravalorada e infravalorada. Supravalorada en el sentido de que a veces se espera del sexo lo que no puede dar (…) infravalorada en el sentido de que muchas veces se tiene actividad sexual con mucha banalidad o superficialidad, con lo cual no le das valor. Sin embargo no se tiene en cuenta su enorme riqueza, porque el ser humano es el único ser vivo que puede tomar decisiones sobre su sexualidad. Puede decir sí o puede decir no, y esto es lo que dignifica la sexualidad humana”.

Carlos Chiclana, Médico Psiquiatra.

Articulo publicado originalmente el 20/12/2011 en El Confidencial Digital

Otro artículo del mismo autor: Masturbación: menos moral y más ciencia.

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