Por qué no quiero llegar virgen al matrimonio…

Hace poco leí un artículo en UPSOCL, titulado: “Por qué no quiero llegar virgen al matrimonio”, y permítanme decirles que me sentí profundamente identificada con ella. Eso era exactamente lo que yo solía pensar por mucho tiempo, y hoy les puedo decir que es un pensamiento que me causó un profundo daño. Es por eso que no solo me sentí identificada con la autora de aquél artículo, sino que sentí también una profunda pena por ella, porque se está lastimando gravemente y no lo sabe.

Para que esto quede más claro, quiero hablarles de mí y contarles mi historia.

Cuando era más joven yo también solía pensar que quería llegar virgen al matrimonio. Luego se me metió esta idea típica en la cabeza: “si nos amamos, ¿qué de malo tiene tener relaciones antes casarse?” Es por esa “buena razón” por la que empecé a tener relaciones con mi primer novio. El supuesto amor se acabó y, como ya no era virgen, también tuve relaciones con los que vinieron.

También yo pensaba que con toda esas “ideas del pecado” hacían que una no fuera “libre”, que siempre sintiera culpa, así que cuando —según yo— pude finalmente “liberarme de la idea del pecado” y acostarme con quien me diera la gana, tan solo me volví esclava de mi arrogancia y del placer.

Y el problema de la arrogancia es que no tiene síntomas: no te sientes mal, incluso te puedes sentir muy bien de lo que haces, pero te va destruyendo sin que te des cuenta. Esta arrogancia combinada con el placer es una bomba, porque el placer te hace adicta. Además piensas que tú lo mereces, y eso alimenta la soberbia y la arrogancia.

Luego se da este extraño fenómeno: cuando tú vives así, buscas “contagiar” a más personas, convencerlas de que está bien que también ellas lo hagan, de que incluso es bueno para ellas, cuando lo que en el fondo estás haciendo no es buscar su bien, sino evitar sentirte mal tú porque otras no lo hacen. Así de simple y perverso: entre más chicas pierdan su virginidad y lleven una vida sexualmente activa, menos mal te sientes tú misma, menos remordimiento experimentas.

Es importante aclarar que el remordimiento y el sentimiento de culpa no son algo impuesto por la religión. Tanto el remordimiento como la culpa son síntomas importantes de nuestra conciencia. Cuando los experimento es porque algo estoy haciendo mal y es momento de corregir las acciones para no seguir lastimándome. Al final de cuentas la conciencia es una alarma poderosa que te advierte cuando te estás haciendo daño. Tu conciencia te dice cuando algo no es correcto, cuando está mal (y por eso procuras ocultarlo), cuando no es bueno. Al menos así funciona las primeras veces… siempre hay algo en ti que, por más buenas razones que te inventes, te dice que no está bien lo que estás haciendo. ¿Y sabes? Al final del día, o al despertar al día siguiente, cuando estás sola contigo misma y te miras al espejo, tú misma no te crees tus “buenas razones”.

Ahora quisiera que esto te quede claro: cada vez que yo tenga relaciones con un chico, le doy lo mejor de mi persona. No solo lo mejor de mi cuerpo, sino también lo mejor de mi espíritu. Muchos te hablan del “intenso placer” que vas a experimentar, pero no del desgaste emocional, físico y psicológico que eso conlleva. Tampoco te hablan de cómo una se siente luego de que le has entregado todo a un chico con el que jurabas que te ibas a casar porque se prometían “amor eterno”. La depresión en la que entras es terrible, y muchas veces lo único que haces es tener sexo con otros para tapar ese dolor.

Por otro lado el acto sexual es tan sagrado, que no puedo llevarlo a cabo ni con mi novio, ni con quien se me antoje, porque si no hay un compromiso total y real (llámese matrimonio), ¿cuál es el caso de “sentir rico, sentir placer” por unos minutos? ¡El precio que se paga por eso es un precio muy alto! Y por más que alguien se quiera convencer de que “no pasa nada”, lo único que está haciendo es menospreciando su valor como mujer y el altísimo valor de la sexualidad y del acto sexual. El acto sexual no es que no sea bueno, es mega-ultra-re-bueno, y por eso solo se puede llevar a cabo con una sola persona, con la que se tiene un compromiso real (= matrimonio). Es un desperdicio total acostarse con novios o con quien apenas se conoce solo “por sentir rico”, es desperdiciar y despreciar lo más sagrado que tenemos, no “porque es pecado”, sino porque nos dañamos y nos desvalorizamos ante nosotras mismas, aunque no queramos reconocerlo. Es como alguien que tiene una joya valiosísima, y que le viene el fuerte antojo de comer una hamburguesa, y como no tiene dinero para comprársela, entrega la joya por el placer de comerse una hamburguesa. Eso es lo que paso cuando tenemos sexo prematrimonial, porque eso, por más enamorada que te sientas, no es amor, es antojo, y por antojo entrego lo más sagrado que tengo.

La chica del artículo menciona que ella no se casaría con alguien con quien no hubiera tenido sexo primero, porque no se va a arriesgar “a que no funcione en el matrimonio”. ¿Y qué tal si el chico no es bueno en la cama, pero la ama de verdad? ¿Qué tal que el chico con el que se casa tiene un accidente que lo incapacita para volver a tener relaciones? ¿Lo va a dejar porque “ya no funciona”? Con esa mentalidad, lo más probable es que sí. La verdad es que yo no puedo valorar mi relación personal con alguien basándome en la relación sexual. Yo no cambiaría una tarde de conversación y comunicación profunda con chico por 20 minutos de “sexo intenso”.

Por otro lado afirma que la relación sexual te une a la persona: “sentía que esa intimidad que habíamos estado teniendo hacía la relación mucho más increíble”. Si la uniera al grado que dice, se hubiera quedado con el primer chico. La relación sexual fuera del matrimonio no te une a nadie. Quieres creer que eso es para siempre, pero solo es momentáneo. Después viene un vacío profundo y por eso entiendo que la chica no esté casada ni con el primero ni con ninguno de los chicos con los que se ha acostado, y lo digo porque a mí me pasó igual.

No llevamos las mismas expectativas hombres y mujeres a la relación sexual. Normalmente las mujeres involucramos más sentimientos y emociones, mientras que para los chicos suele ser algo más físico. Aunque quien escribe el artículo pretende ser fría, ella se ha involucrado sentimentalmente con todos, y probablemente está usando el sexo para olvidar y sanar la unión que tuvo con el primero. Pero eso, lejos de sanar la herida, lo único que provoca es una herida encima de otra herida pasada.

A mí nadie me lo contó, yo misma lo viví con esa misma arrogancia y soberbia.

N. N.

Testimonio escrito para los jóvenes de La Opción V

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