La niña en busca de “likes”

 

Hace pocas semanas una noticia invadió las redes sociales: Essena O`Neill, una joven de 19 años, muy popular por sus cientos de miles de seguidores en Instagram, decidió quitarse la máscara al confesar que su vida estaba tan vacía como lleno de “likes” su perfil.

Esto causó una gran conmoción. La aplaudieron por todo el mundo y cientos de personas se sintieron aliviadas al comprobar que tanta perfección no era real y que podían vivir tranquilas tal como eran. ¡Qué suerte saber que ella, tan linda y espectacular, se tomaba 40 fotos iguales antes de escoger la perfecta! “Mal de muchos, consuelo de tontos”, reza un popular dicho.

Pero, ¿hemos profundizado de qué trata, realmente, esta historia? ¿Debemos sólo analizar cómo vivimos a través de las pantallas? ¿O hay quizá algo más adentro que no nos deja en paz cuando hablamos de gustar a otros? Essena es sólo un ejemplo público. Pero muchos viven la misma angustia en la búsqueda de la perfección y la popularidad sin entender el por qué.

Las mentiras de la cultura del consumo

Hay una batalla que, sin afán de sonar pesimista, parece que hemos perdido como humanidad: la cultura del placer y la economía de consumo nos han convencido de que para “ser” hay que “tener”. Sin embargo, repetimos: PARECE que la hemos perdido. Porque está en las manos de cada uno de nosotros darnos cuenta y vivir en contra de esa corriente que pretende arrastrar a todos los que se le cruzan por el camino. Sobre todo cuando hablamos de nuestra propia felicidad.

Es complicado ser parte de un mundo donde importa tanto lo superficial y lo material. ¿Cómo alejarnos sin sentirnos aislados? ¿Cómo atreverse a ser diferente sin sentirse perseguido o “buleado”? Dándonos cuenta de que de verdad no estamos solos y que hay muchas personas, más de las que la publicidad nos quiere hacer creer, que sí buscan de verdad belleza, pero la real, la que viene del corazón y del espíritu. ¿Que son difíciles de encontrar? Por supuesto, como cuesta conseguir todo lo valioso en el mundo. ¿O creen que cavando en el jardín de la esquina de su casa encontrarán un diamante de 100 quilates?

De lo que sí podemos estar seguros es que mientras nosotros no nos preocupemos de lo realmente importante, de cultivar el espíritu con cosas que de verdad valen, que nos hacen mejores personas, más virtuosas y felices, estaremos cada día más lejos de esas personas que saben detectar lo valioso y que ven más allá de un selfie bien editado. ¿O creen que un hombre maravilloso, que busca a una persona que lo acompañe por el resto de su vida para formar una familia se casaría con Essena por más millones de seguidores que tenga? Al contrario, correría despavorido en la dirección contraria.

Debemos ser inteligentes y darnos cuenta del truco de la vida. La sociedad nos pone miles de trampas. Y hoy, gracias a la tecnología, es más difícil escapar de ellas. Antes, para creerse famoso, había que serlo. Hoy, bastan 30 likes para sentirnos populares. Pero si aprendemos a entender nuestro verdadero valor y el del prójimo, seguro que todo sería más fácil y no estaríamos, como Essena, llorando sobre leche derramada por haber perdido el tiempo en tomarnos fotos un tanto ridículas en lugar de estar buscando lo verdadero y valioso en el lugar correcto.

Estamos hechos para el amor… ¡pero para el verdadero!

¿Por qué creen que uno siente tanto alivio cuando una chica como Essena dice algo como estaba obsesionada con gustar a los demás” o “sólo esa foto en las redes era lo que tenía sentido en mi día a día”? ¿Por qué no ha salido un grupo en Facebook, por ejemplo, diciendo que Essena está loca y qué está diciendo tonterías?

A todos nos suena lógico porque está sellado en nuestro ADN como seres humanos el querer amar y ser amados de verdad, y sabemos que ese amor verdadero no puede fundarse, desarrollarse y fortalecerse en la mentira.

Cuando nosotros ponemos una foto editada en redes sociales, o posada mil veces, es evidente que nuestra intención es gustar. No es mostrarnos tal cual somos. Si nuestro interés es compartir el paisaje o el rico helado que estamos comiendo, ¿por qué tenemos que salir perfectos nosotros? Es más, ¿por qué tenemos que salir nosotros? Bastaría enseñar el paisaje o el helado.

Y muchas veces trasladamos esta conducta a la vida real, a la que está fuera de las pantallas. Pero preguntémonos: ¿realmente queremos que alguien se enamore de la mentira que estamos creando? ¿Qué pasará cuando no podamos sostener más el truco de magia? ¿Cuándo esa persona que se enamoró de nuestro cutis terso se dé cuenta que a la luz del sol en la playa, el filtro de la realidad bota algunas imperfecciones? ¿Estaremos tranquilos viviendo una doble vida: la de las redes sociales y la nuestra? Y luego nos sorprendemos cuando nos abandonan. ¿Qué hicimos mal? ¿Qué filtro falló?

El corazón puro y honesto no necesita filtro, ni edición, ni perfil de Facebook. Brilla de día, de noche, si estamos enfermos, agotados, molestos, felices, agobiados, confundidos, iluminados, divertidos o aburridos. El corazón no necesita Photoshop, ni Instagram. Un corazón lindo siempre sale bien en la foto. Sobre todo para el que nos ama de verdad.

Por eso, el tiempo mejor invertido es el que usamos en mantener ese corazón en buen estado y hacerlo crecer cada día más, practicando las virtudes, escuchando buena música, leyendo buenos libros, viendo buenas películas, haciendo deporte, pasándolo en familia, disfrutando de la naturaleza, etc.

También es vital pasar el tiempo con amigos de verdad, que busquen lo mismo que nosotros, que nos ayuden a ser mejores y a esperar, con alegría, a la persona que nos ame de verdad y que sepa descubrir, más allá de lo que publiquemos en redes, ese corazón que sí nos preocupamos en mejorar cada día y cuidamos como el gran tesoro que es.

Essena, como su nombre lo dice, hizo de su vida una escena. Actuaba. Y se dio cuenta a tiempo. Es un acto que debemos tomar como ejemplo de valentía. ¿Se imaginan lo difícil que debió ser para ella dejar todo lo que había logrado —y que es tan valorado por tantos— para empezar una vida con sentido? Si nos sentimos de alguna manera como ella se sentía, es un buen aliciente para dar el paso para buscar la verdadera felicidad no en la apariencia y en los “likes”, sino en quienes somos verdaderamente.

 

Giuliana Caccia, Comunicadora y Periodista, Directora de La Mamá Oca y Subdirectora de LOV, actualmente está llevando una Maestría en Matrimonio y Familia por la Universidad de Navarra.

 

 

 

 

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