Esperar es, también , AMAR.

Muchas veces, por haber perdido la esperanza de encontrar a la persona indicada, a un hombre o mujer de verdad, “diferente” a las demás, distinta al estereotipo que nos ofrece el mundo, a una persona especial, a quien poder amar y dar de nosotros el cien por ciento, nos conformamos con menos, renunciamos a nuestros anhelos, a nuestros estándares y nos quedamos con el “que me queda”, con el “a nada”, con el “a estar solos”, o nos convencemos de que esas personas no existen y que solo nos queda aceptar a la primera persona que muestra interés por nosotros o a quien se ve fácil de conquistar.

Aceptamos vivir una relación en la que ambos, en vez de ser “pareja”, son disparejos; en vez de ser felices, sufren; en vez de compartir, son egoístas; en vez de respetarse, se ofenden; en vez de comprensión, hay discordia; en vez de paz, hay intranquilidad; en vez de libertad, hay aferramientos; en vez de confianza, hay celos enfermizos; en vez de alegría, hay tristezas; en vez de fidelidad, hay infidelidad; en vez de amarse, se usan. Así, finalmente, no alcanzamos nuestros anhelos y, lo peor, nos alejamos de ellos.

Nos olvidamos de que hemos nacido para amar y ser amados de verdad.

Sin embargo, hay algo que todos debemos de saber, algo por lo que tenemos que luchar: Si en nuestro corazón existe ese anhelo, es porque SÍ es posible alcanzarlo, vivirlo. Hemos nacido con ese sueño de vivir un amor auténtico, porque hemos sido hechos para eso! Ir contra él, es ir contra nosotros, contra nuestra felicidad.

Así que, a pesar de que pase el tiempo y no encontremos a esa persona, no nos desesperemos, no nos conformemos con menos, no dejemos de luchar y de esperar con paciencia, porque cuando sea el momento indicado, cuando estemos realmente preparados, esa persona estará frente a nosotros y podremos vivir la alegría de decirle que, desde antes de conocerla, la amaste, porque ESPERAR es también amar.

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