Educando en la verdad

¿Cómo educamos?

0-2 años: aceptación por parte de los padres del sexo del niño, aceptación y conocimiento del sexo por parte del propio niño. Que el sexo es invariable. Repetir muchas veces: que suerte que seas un niño si es un niño, que suerte que seas una niña si es una niña.

2-6 años:  conocimiento del embarazo y la vida prenatal, fomentar los hábitos de pudor, las demostraciones de afecto, distinción hombre mujer, niño niña. Planes de acción del autodominio.  

Antes de los 10 años debería conocer todo sobre sexualidad, a su alcance.

Estudios sobre porque las niñas empiezan su actividad sexual muy pronto, 13-14 años. Un motivo es la inseguridad, es un cajón de sastre donde meten: la presión del grupo, del chico con el que salen, debilidad, ganas de llamar la atención y necesidad de afecto. La mayoría de las chicas dicen que empezaron a tener relaciones sexuales porque necesitaban afecto en casa. Para pensar. Los últimos estudios dicen que es el padre el que refuerza la identidad de varón y de mujer y que es la madre la que refuerza la autoestima de varón y de mujer. De ahí la inmensa importancia de la presencia de los dos.   Hay otro estudio que dice que la virginidad en una chica es directamente proporcional a la relación con su padre. Por tanto, los padres tienen un papel fundamental, como no podía ser de otra manera.  

Les digo a mis alumnos que cuando algo es bueno y bello, casi siempre es verdadero, les digo que pueden cambiar el mundo porque lo pueden hacer, les digo que tienen que poner en marcha una contrarrevolución cultural para humanizar la sexualidad y devolverla a su sitio original. Al hecho de que somos capaces de hacer sentir a otro ser humano físicamente que nuestra vida es suya para siempre.  

(…) Pensaba en la entrega en el acto conyugal, pensaba en que Dios nos ha hecho muy bien y que ese placer que nos regala en ese momento tiene un origen celestial, porque plenifica, te lleva a saborear lo eterno. Por eso he pensado que, en ese momento, el hombre le regala el cielo a la mujer, la esposa le regala el cielo al esposo, y por ello es una antesala de la vida eterna. ¡Que belleza esa entrega del cuerpo! Y por eso he pensado que cuando se tienen relaciones sin la entrega en totalidad, fuera del matrimonio, se convierte en un sacrilegio, porque el que no se ha dado completamente al otro no puede llegar a saborear el cielo, no puede llegar a la eternidad. Es como si quisieras entrar en el cielo sin haberte entregado plenamente a Dios, nadie puede.  

En el sacramento del matrimonio nos entregamos en cuerpo y alma, nos regalamos, nos donamos al otro. En el momento del acto conyugal nos damos también. Pero es un ladrón el que toma aquello que no le pertenece, y si el otro no se ha regalado del todo, entonces estas tomando algo que no es tuyo. Son dos ladrones robando lo que no es suyo.  

He pensado también, que, aunque nos donamos voluntariamente, el otro también debe ser contemplado como don de Dios, al fin y al cabo, Dios nos mueve, no da puntadas sin hilo, está en todo y nos regala a nuestro cónyuge, Él lo ha creado, le ha dado la vida para que un día se encuentre contigo y os unáis para siempre, bueno, hasta que la muerte os separe.  

En el acto conyugal, por tanto, renovamos esa alianza con Dios, en la figura del esposo, es una entrega de amor para la eternidad, no solo entregamos el cuerpo, entregamos al otro nuestra alma, todo lo que somos, nuestra persona.  

El amor entre los esposos es signo del Amor de Dios por su Iglesia, su esposa. Por eso tan importante que se cuide y se alimente con la entrega del cuerpo también. Que cosa tan hermosa. No se puede frivolizar el acto sexual, es algo sagrado, no se puede jugar con ello. Es demasiado grande.  

Que bonito vivir la Teología del Cuerpo. Que maravilla el matrimonio cuando los esposos se dan completamente. Qué bien nos has hecho Señor.  

Escrito por María Pilar Carmena Ayuso  

Fuente: https://www.religionenlibertad.com/

 

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