No hay que dejarse llevar por las apariencias

Después de mucho tiempo, ¡he encontrado paz interior! Una paz que me ayuda a pensar mejor antes de tomar una decisión. Muchas veces, cuando falta paz en nuestro corazón, no podemos pensar con claridad lo que queremos, lo que nos sucede, lo que nos hace bien, porque tenemos emociones alborotadas, preocupaciones, angustias, miedos e inseguridades que hacen que perdamos de vista lo esencial. Tener paz, en cambio, te ayuda a mirar la realidad con mayor objetividad, a tomar decisiones correctas, a optar siempre por lo mejor y, sobre todo, a estar tranquilo con uno mismo y con los demás.

Hace 6 meses conocí a un muchacho de una parroquia. Pensé que por servir a Dios, al igual que yo, era la persona ideal para mí. Suele pasar que cuando conocemos a alguien que va a la parroquia, que supuestamente cree en Dios y vive su fe, pensamos que es la persona indicada, que es un hombre o una mujer de Dios, con muchos valores e ideales extraordinarios y que fue Dios quien lo/la puso en nuestro camino.

Sin embargo, no podemos olvidar que toda persona tiene defectos y el que vaya a una parroquia no quiere decir, necesariamente, que persevera en su fe, que es coherente con lo que predica o que jamás vaya a caer. Ir a una parroquia, o el no ir, no define a la persona. Siempre es necesario conocer bien al otro y construir primero una amistad para no sacar conclusiones apresuradas basándonos solo en su imagen o en la primera impresión. Por más que los comentarios que oigamos sobre esa persona sean los mejores, más vale ser prudentes e ir con mesura antes de confiar. Además, muchos utilizamos constantemente máscaras frente a los demás, buscando aparentar lo que no somos solo para ser aceptados, sobre todo por quien nos atrae o estamos enamorados. Pero actuar así tiene consecuencias, pues no se puede aparentar ser alguien que no se es por tanto tiempo. En algún momento sale la verdadera identidad, sobre todo cuando ya se consiguió lo que se quería.

Luego de 3 meses de conocernos, fuimos a bailar y me “robó” varios besos. En ese momento no lo vi mal, pero luego me sentí usada, así que le pregunté si éramos enamorados y él dijo que sí. Antes de seguir con la historia, me gustaría compartir lo que reflexioné posteriormente sobre este tema: ¿Cuántas veces nos cuesta ver que consentimos lo que no nos gusta, lo que nos hace daño o lo que no aceptaríamos por nada? Es muy fácil decir que fue la otra persona quien nos besó, quien nos “robó” besos. O que nos obligaron, que cedimos, que aceptamos o consentimos, y nos olvidamos de que tenemos libertad para decidir, para decir que no y con firmeza. Pero, ¿por qué a pesar de aceptar una situación de este tipo nos sentimos usados? ¡Porque no hubo ningún compromiso antes! A veces vemos el beso como si fuera solo eso: un beso. Sin embargo, si aún no es el momento de ser enamorados, ¿es tiempo de besarnos? ¿Acaso nuestros besos no son valiosos? Si le damos un beso a alguien que no es nuestro enamorado, ¿qué le vamos a dar a quien sí lo sea? Si no es capaz de comprometerse pidiéndote ser tu enamorada, ¿por qué sí lo es para besarte? ¿Cómo te ve en realidad? ¿Si lo intenta es porque sabe que cederás a pesar de no ser enamorados? ¡Es lo más fácil! Y esto va en contra de lo que buscamos ya que Si miramos en nuestro interior encontraremos el deseo de estar con alguien que apueste realmente por uno, que sea capaz de arriesgarse, de darlo todo, de dar ese paso adelante, dispuesto a esforzarse y a optar siempre por lo mejor, es decir, por la valentía.

Me decepcioné de este chico porque pensé que él me diría primero para ser enamorados. Pero no, esperó a que yo se lo dijera. A pesar de eso, empezamos una relación y, al tiempo, él empezó a sobre pasarse con las manos. Aunque yo le decía que no lo hiciera, que me respetara, lo seguía haciendo y se disgustaba cuando me oponía. Frente a esto, me di cuenta de que él no tenía el mismo horizonte que yo y le pedí a Dios que me ayudara. Le dije que si no era el chico que tenía pensado para mí, lo alejara.

El 27 de diciembre, en la página de Facebook de La Opción V, subieron un video titulado “¿Se puede contener el impulso sexual?”. Como me gustó y aprendí bastante, se lo envié a mi enamorado. Fue ahí cuando vi con claridad que él no compartía mi idea de vivir la castidad. Me dijo que era católico, pero que consideraba que tener relaciones sexuales era “necesario” para conocerse bien. Le dije que yo no pensaba igual, que no estaba de acuerdo y terminó conmigo. Aunque me dio tristeza, Dios me ayudó a darme cuenta de que eso era lo mejor.

Hoy doy gracias a La Opción V por la ayuda que me brindó. Tengo la certeza de que sin Dios y LOV no hubiera logrado salir de aquella relación. No hubiera abierto los ojos.

Sé que, como yo, hay muchos jóvenes que son felices al vivir la castidad.

Anónimo, 24 años, Colombia.

Testimonio escrito para La Opción V 

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