¡La masturbación me ha hecho tanto daño!

Desde hace tiempo he querido escribirles… La verdad es que necesitaba a alguien con quien poder hablar y contarle todo lo que me pasa. No tengo tantas personas cercanas con quiénes pueda compartir mi historia. Y con las que tengo no me siento lo suficientemente preparada como para abrirles mi corazón. Siempre he sido muy tímida con mis sentimientos y muy buena ocultando lo que me pasa. Es más fácil pretender que todo está bien y perfecto en tu vida cuando por dentro te estás derrumbando y cayendo a pedazos.

Hace algunos meses atrás descubrí La Opción V. A partir de entonces ustedes han jugado un papel fundamental en mi vida. Desde que comencé a leer sus artículos he podido transformar una pequeña parte de mi vida, pero siguen habiendo heridas, de esas que no pueden sanar por sí solas, si no son compartidas, contadas y sacadas del interior. Me atrevo a escribirles a ustedes porque, a pesar de no conocerlos personalmente y sentirlos relativamente distantes, sé que puedo confiar en ustedes y estoy segura me darán buenos consejos. Además, siento en mi corazón como si fuéramos amigos de toda la vida.

Para no dar ya tantos rodeos compartiré mi historia.

Siempre he tenido problemas con la masturbación. A veces siento que nací con ella. Es una inclinación de mi naturaleza —o al menos eso he pensado todos estos años— porque, de verdad, he padecido este problema desde que tengo memoria y me ha atormentado toda la vida. Al principio recuerdo que no lo percibía como algo que estuviera mal. No sé si porque era muy pequeña como para entender todo lo que implicaba, o si mis recuerdos no son tan nítidos. Aunque, analizándolo bien, siempre lo hice a escondidas. Recuerdo que un día mi hermana me descubrió y obviamente le contó a mi mamá, quien me regañó. Desde ese momento, no hay ocasión en que esté hablando con ella y no recuerde cuando se enteró de que me masturbaba. Me atormenta aún pensar en lo que sintió, qué pensó de mí y lo que posiblemente siga pensando.

La masturbación me fue llevando cada vez a lugares más oscuros. Se apoderó de mí por completo. Me ocultaba de todos, tenía miedo de que se enteraran de lo que hacía. Me destruyó por completo. Destruyó mi autoestima, me volvió una persona insensible, desconfiada de todos, especialmente de los hombres. Además, la masturbación poco a poco también me fue llevando a ver pornografía. Así fue que cada vez consumía más pornografía y me masturbaba más.  Me sentía como la peor persona, la peor basura del mundo. Sentía que no valía nada, que no merecía nada, que el amor verdadero no existía y que todo eran mentiras.

En esos momentos mi relación con Dios tampoco era del todo buena. De hecho, me hacía pasar por buena cuando en realidad no era tanto como aparentaba. Estaba siendo una hipócrita, con Dios, con la Iglesia, con mi  familia. En fin, con todos.

Por otra parte, siempre que tocaban temas sobre la sexualidad en mi salón de clases, o incluso en mi familia, me ponía súper nerviosa, sentía que en cualquier momento todos se iban a enterar de quién era en realidad. Me volví una persona egoísta, pensaba sólo en mi propio placer.

Terminé muy afectada emocional y psicológicamente. Hasta que un día me armé de valor, ya no podía aguantarme más, sentía que tenía que sacarlo. Fue cuando me acerqué a la confesión y por primera vez confesé lo que tanto me mataba. Tenía alrededor de 15 años. Pero no fue suficiente. La misma vergüenza y la pena me impidieron confesarle al sacerdote todo lo que sentía mi corazón.

No obstante, fue de gran alivio para mi vida, sobre todo para mi mente. Comencé a acercarme un poco más a Dios, pero no lo suficiente. Durante tres años viví limpia de mi vicio. No puedo decir que vivía en castidad porque no la conocía y no sabía todo lo que ella implicaba, pero sí viví sin masturbarme durante ese tiempo.

Llegó un día, ya en la universidad, que nos dejaron para leer literatura erótica. Me creí muy valiente, creí que lo podía resistir, que podría pasar por esa prueba sin caer. Sin embargo, una parte de mí anhelaba ese contacto con la sensualidad y el erotismo que había dejado atrás. Ese mismo día recaí en la masturbación. Y no pude parar. Una vez al mes se volvió una vez a la semana, y más y más.

Después que lo hacía me sentía muy mal. Regresaron todos los sentimientos que había dejado guardados por mucho tiempo. Regresaron las inseguridades, regresaron las desconfianzas, mi autoestima se fue por los suelos. Me sentía tan triste, tan sola y abandonada, me hundía cada vez más en una depresión profunda. Pero pretendía y fingía con todo el mundo que estaba perfectamente bien y que mi vida era perfecta, que yo era una chica buena y que debían de seguir mi ejemplo. Vivía completamente contraria a todo lo que supuestamente creía.

Para ese entonces inicié una relación que empezó mal en muchos sentidos. Desde el principio fui yo la que buscó a mi enamorado y fui yo la que hizo “todo lo posible por ganármelo. Incluso hasta le propuse que nos volviéramos novios. Las cosas comenzaron tranquilas, era la primera vez que los dos estábamos en una relación. Pero poco a poco, mi vicio y mis viejas costumbres, aunadas a las hormonas sueltas de mi enamorado, nos llevaron a tener encuentros más íntimos. Por suerte nunca tuvimos relaciones sexuales pero estuvimos a punto en varias ocasiones. Fue en ese momento cuando mi vicio de la masturbación comenzó a no sólo afectarme a mí sino también a él.

Y porque yo me sentía insegura y porque no quería que se enterara de mi pasado, ¡me esforzaba tanto por hacerlo pasar por una mala persona, por hacerlo sentir menos, por recalcarle todos sus errores, sus defectos! Después de cada encuentro íntimo venían reclamos de mi parte hacía él. Me cuestionaba si realmente me amaba y se lo decía, así como que yo no lo podía llegar a amar porque el amor no existía.

Después de seis meses de haber introducido los “juegos sexuales” a nuestra relación, todo se acabó. Fue por esto y por otras muchas razones más que terminamos. Desde entonces pasé por una situación difícil, fueron momentos muy oscuros. Comencé a acercarme más a Dios. Me fui a confesar en muchas ocasiones, saqué muchas cosas que tenía guardadas en mi corazón. En verdad esos momentos tan oscuros de mi vida fueron a la vez los que más me llenaron de Dios. Mi relación con Dios y con la Iglesia mejoraron. Sentía una gran necesidad de estar con Dios, de hablar con Él, saber más de Él, de leer la Biblia, de ir a Misa. Quería conocerlo más. Tocó mi corazón.

Fue en ese momento que conocí a La Opción V. Sus artículos me ayudaron muchísimo. Me atrevo a decir que salvaron mi vida, le dieron dirección a mi rumbo. Me están enseñando a amar, a amarme a mí misma, amar a mi pareja, a mi futuro esposo y sobre todo amar a Dios. No se imaginan el gran alivio y consuelo que ha sido su página.

Ya van tres meses que estoy viviendo en castidad y pureza. Claro que he tenido recaídas porque no es fácil dejar de golpe un vicio y una costumbre que ha estado presente en toda tu vida. Pero quiero mejorar, quiero ser diferente, quiero amar de verdad y eso es lo que me mantiene de pie. Me ayuda la gracia de Dios, su amor y misericordia infinita que me dan fuerzas para levantarme de cada caída y para luchar por la castidad y el amor verdadero.

Entre muchas cosas, esta es la historia de mi vida, la que me ha tocado vivir. La verdad es que necesitaba contárselo a alguien, dejarlo salir de mí. Gracias por todo lo que han hecho por chicas y chicos como yo que atraviesan tiempos difíciles. ¡Gracias de todo corazón y bendiciones! :) <3

G.A., 20 años.

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