Carta de un religioso a otro religioso o seminarista

Soy religioso desde hace 8 años. Tengo casi 30 años de edad. Te quiero compartir mi experiencia, dura, pero también llena de esperanza y humanidad. La quiero compartir porque me he dado cuenta que no soy el único y saber eso ha sido muy bueno para mí. Bueno, tal vez lo “ideal” sería que no tuviera esta dificultad, ni que fueran muchos. Pero es parte de la vida y del corazón herido.

Hace unos meses descubrí con mucha fuerza que Jesús quiere que sea parte, para siempre, de la comunidad de hermanos a la que pertenezco. Hay tres componentes/factores/elementos, o como quieras llamarlo, en mi vida de religioso, con los cuales me comprometo a vivir durante toda la vida. Estos son la obediencia, el celibato y la vida comunitaria.

En estos años, te comparto, voy descubriendo que la obediencia me resulta muy difícil, sin embargo, haciéndome fuerza interiormente, sigo adelante, y poco a poco voy siendo cada vez más manso y humilde.

La vida en comunidad es un desafío también, debido a que vivo, en cierto sentido, con desconocidos; con personas de otras latitudes, nacionalidades, tradiciones, costumbres y edades. Pero poco a poco los voy conociendo, y la sangre de la hermandad espiritual nos une y conforta.

Y falta uno. El celibato. Como te habrás dado cuenta en los dos aspectos anteriores, mi actitud es de ir hacia delante; cuesta, pero sé que se puede. Sin embargo, con esta realidad de la castidad/celibato, mi sensación es distinta. Interiormente quiero vivirla, quiero ser casto, pero llegan momentos en que, por más fuerza que haga o por más Gracia que le pida al Señor, no puedo. Se me aparece frente a mí un muro que parecería ser infranqueable. Un muro frío, que no da lugar ni a palabras ni a fuerzas, ni a poner en práctica grandes consejos que me han dado o acciones que me he propuesto. Llega la hora de la tentación, y la caída es inminente. Por más que luche un día y venza, estoy seguro que al otro voy a caer. Es este el muro. Y parece que se eleva hacia el infinito. Te aclaro que mi caída concreta es la masturbación, muchas veces acompañada de pornografía, pero ningún contacto con alguna mujer.

No me da vergüenza compartirlo con quien confío. Bueno, tal vez un poquito, pero cada vez menos. ¿Sabes por qué? Una cosa que me he dado cuenta y me parece que es clave, es sacarlo a la luz. ¿Y cómo lo saco a la luz? Por ejemplo, contándoselo a mi director espiritual. He descubierto que esto es una clave fundamental. ¡No creas que puedes solo! Pensar que solo vas a superar este vicio es una gran mentira. En el ocultamiento prospera el diablo. Creer que podrás solo es un gran engaño. Cuenta, habla, pide ayuda. Es lo mejor. No tengas miedo. ¡No tengas miedo! De verdad, vence tu vergüenza y tu soberbia, no tengas miedo. No eres el único ni el primero que tiene estas dificultades. Tu consejero o director espiritual, si de verdad es un hombre de Dios, no se va a escandalizar ni te va a tratar mal. Cuéntaselo en confidencialidad, pero con libertad. Él es quien Dios te pone para que te ayude a llevar esta cruz, y vencer, resucitar. Busca siempre ayuda, no te escondas. El enemigo quiere que vivas en la oscuridad, en la vergüenza, al igual que Adán y Eva que “oyeron el ruido de los pasos del Señor Dios que se paseaba por el jardín a la hora de la brisa, y se ocultaron por entre los árboles.”

Mira, no escribo esto porque me crea “superior” o porque tenga todo solucionado. Escribo esto para compartirte mi experiencia personal de lucha, de frustración, de tristeza. Y también de victorias. Ya no es una experiencia de soledad. Porque sé que no soy el único que lucha por conquistar la pureza, la rectitud de corazón, el amor verdadero. Porque sé que no soy el único que piensa “no voy a poder”.

Lo que sí te puedo decir (y me lo digo a mí mismo también), es que si el Señor te llama a vivir la vida consagrada, pero tú caes una y otra vez en pecados de impureza, eso no significa que no tienes vocación. ¡Por favor! No nos dejemos confundir. Es el mismísimo demonio el que nos quiere meter el pie para tropezar. Es él, que lo único que le interesa es sembrar desesperanza y frustración en tu espíritu para que abandones tu vocación. Nos quiere hacer creer que somos unos hipócritas, falsos, mentirosos, con doble vida, y por tanto, que no somos dignos de ser religiosos.

Yo me descubro un pecador. Muchas veces hago lo que no quiero. Muchas veces niego al Señor antes de que cante el gallo. Pero de algunas cosas estoy seguro. Quiero responderle al Señor. Quiero hacer Su santa Voluntad. Quiero amarlo cada día más. Quiero llegar al Cielo y este es el camino por el cual Él me invita a seguirlo, siendo religioso. Estas son certezas, y son más fuertes que mis caídas. Es más, ¿sabes qué? De tu respuesta generosa, depende la salvación de mucha gente. Tú tienes que levantarte; sí, no puedes permanecer caído. Tienes que levantarte para poder así levantar a muchos que caen y que se desesperanzan. Tenemos que aprender a ver lo positivo de todo esto. Cuando se nos acercan jóvenes avergonzados por sus caídas en impurezas, nosotros podemos comprenderlos mejor, ayudarlos, entenderlos, ser misericordiosos y pacientes, darles un consejo de alguien que ha pasado por lo mismo, y así poder estimularlos, poder luchar juntos, poder darles esperanzas…

Bueno, no la quiero hacer más larga. Querido hermano religioso/seminarista, solo te pido: camina conmigo. Ayúdame a llevar la misma cruz que tú tienes, que se esconde en lo más íntimo de nuestros corazones, y que muchas veces nos lastima o parecería ser demasiado pesada. Tal vez no lleguemos “puritos y limpitos” a las puertas del Cielo. Es más, seguramente llegaremos hechos trizas, lastimados, heridos, harapientos. Pero eso sí: llegaremos, porque seremos tercamente perseverantes y fieles a nuestra vocación. Y así, lo miraremos a Él a los ojos y le diremos: “esto soy, esto es todo lo que pude hacer y dar. He luchado. Sé que me caí mil veces y te traicioné. Te pido perdón y te pido: `levántame una vez más`. Quiero vivir Contigo, reír Contigo, y alabarte por los siglos de los siglos.”

Anónimo

Testimonio escrito para La Opción V

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